Falta poco tiempo antes de que llegue tu pandilla de amigos. Todavía no sabes qué ponerte y te falta ordenar el piso para tener espacio y que todos se sientan cómodos. Empiezas por apartar los objetos frágiles, tapas el sofá, dejas una toalla especial para el baño, escondes las botellas de tus compañeros, etc. De esta manera, todo está a salvo… ¿seguro? Cuando la gente se reúne, el alcohol abunda y el sonido de la música envuelve los cuerpos, puede resultar difícil dejar el sitio tal cual lo hemos encontrado.

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En general, cuando uno decide invitar a gente a casa, sabe que de una manera u otra, acabará revuelta. Lo peor que puedes imaginar es que el teclado de tu ordenador desaparezca debajo de las manchas pegadas de cerveza y las cenizas de cigarrillos, que se te rompa la tapa del lavabo, que se te estropeen los discos o que el vecino te pida echar a tus amigos porque no aguanta, aunque sean las dos de la mañana…

Pero una fiesta no es siempre sinónimo de basura: todo depende de la gente con quien te juntes: si son conocidos o no, del motivo de la reunión, de la cantidad de alcohol que se consuma, del grado de responsabilidad de cada uno. A veces, tienes buenas sorpresas y ni se ha roto un cuadro, ni se ha caído un vaso en la alfombra, ni se ha escapado el gato y ni siquiera tus sábanas han cambiado de sitio. A pesar de estar borrachos, habéis recogido lo mínimo y envuelto todo en bolsas, la cocina se queda accesible y lo suficiente agradable para que el día siguiente no tengas que andar con vino pegado en los pies o estar a punto de vomitar a la vista de los cigarrillos fríos en el grifo.

Más vale prevenir y no aceptar siempre a los amigos de los amigos. Avisa de que tu compañera de piso, que es la responsable del mismo, ha advertido que si alguien rompe algo, se hará cargo de su reparación. Y si temes por tu ordenador, mejor pon la cadena de música. Porque, por muy bien educados y conocidos que sean tus amigos, puede pasar lo peor cuando uno tiene varias copas en la sangre y se encuentra en un estado extremo de euforia. Pero relájate, ¡no vas a estar toda la noche espiando el mínimo gesto de cada uno de tus invitados! Tú también tienes que aprovechar la fiesta…

Lo peor es la mañana siguiente. Apenas dejas a tu almohada sudada y con olor a cerveza, abres la boca más seca que nunca, intentas andar aguantando los golpes de tu cabeza y por fin, llegas a la pista de batalla. Que no reconoces. Si estás solo para recoger y limpiar todo, no te hará demasiada gracia, pero si estás con algunos amigos que se han quedados fritos en el sofá, pide que te ayuden y contempla el caos sin enfadarte. De pronto, te invaden recuerdos de anoche, cuando tuviste la sabia idea de subir sobre la mesa para bailar, lo que dejó unas eternales marcas. ¿Y por qué hay tantos vasos con restos de alcohol en el baño? Ah sí, es cuando hemos jugado a… Habrá que reciclar cada cosa y pasar la fregona dos veces. ¡Haz como Blanca Nieves, cantar trabajando! ¡Para mejores recuerdos, toma fotos antes y después de la fiesta, la metamorfosis puede ser increíble!

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